La educación nace como una necesidad de transmitir los conocimientos adquiridos para lograr la sobrevivencia de la especie. También es el resultado de nuestra evolución sobre el cómo vemos el mundo y sobretodo, sobre cómo lo construimos. Una construcción que ahora nos tiene en riesgo de no poder seguir sobreviviendo.
Observemos la evolución de la educación a través de la construcción de los espacios del hombre:
Ingeniería:
Si vamos agregando un aprendizaje más al conocimiento acumulado, podemos un día dejar de vivir en cuevas o bajo los árboles y construir nuestras chozas, aldeas, pueblos y ciudades, incluso naves que nos permiten viajar a confines inimaginables.
Toda construcción urbana era netamente expansiva, solo era necesario enseñar a construir y obedecer (sobre todo en caso de guerra), si se construía mal no importaba, pues bajo esa mirada “sobraban espacios y humanos” (nota: ahora somos muchos más y estoy cada vez más convencido que nadie sobra, al contrario, todos nacemos para cumplir una tarea en la Tierra).
Se pensaba que el modelo de aprendizaje estaba basado en dar instrucciones repetidas, una y otra vez, hasta lograr que el individuo asumiera la conducta cada vez que se activaba un estímulo. Este modelo conductista se utilizó siempre como modelo de enseñanza desde los orígenes del hombre, dándole una estructura metodológica a principios del siglo 20.
Re-Ingeniería:
Las ciudades se expanden, el centro de ellas evoluciona, se derrumban edificios y sobre ellos se construyen nuevas estructuras. En muchas ocasiones respetando instalaciones ya armadas como: partes de una estructura de edificio, calles y otros límites, túneles para trenes subterráneos, alcantarillado y tuberías con gas, agua, electricidad y cables comunicacionales, entre otros.
Como ningún edificio es igual a otro, pues influyen múltiples factores externos, se aplican estrategias de re-ingeniería. Volver a pensar lo que existe, ya no es crearlo desde cero.
Se descubre que el ser humano también es el resultado de él y su entorno, naciendo con Piaget el concepto de cognitivismo (como dice Ortega y Gasset: “soy yo y mis circunstancias”).
Al ser un proceso vertiginoso (crecen las ciudades, los inventos y se acumula el conocimiento), se desarrolla el concepto constructivista como una necesidad para que el hombre construya su propio aprendizaje, descubra lo que tiene que aprender y aplicarlo prontamente, adquiriendo y adaptando el conocimiento a las circunstancias, pues toda construcción comienza a ser adaptativa.
Deconstrucción:
Pero estos modelos no bastan para construir nuestras urbes. Actualmente nuestra construcción de mundo está desbordando los niveles de contaminación, las ciudades que se construían para protegernos ahora nos agrede con atochamientos, hacinamientos, delincuencia, smog, etc.
Hemos invertido en educación, los inventos se crean a velocidades jamás vistas y tenemos un conocimiento acumulado como nunca antes existió en la historia y al alcance de un click...
Nos estamos saturando y, en vez de ser un beneficio, sentimos que nos estresa (desde los orígenes el estrés se activa para que el hombre esté atento al ataque de un tigre y en un espacio de descanso se desactive. Actualmente, el hombre vive bajo constante estrés, no existen tigres en las ciudades, pero tampoco los espacios de descanso lo desactivan del todo).
¿Qué falta? Falta de-construir el modelo de enseñar, que se ha construido sobre procesos históricos que tememos innovar pues están establecidos como paradigmas que creemos que son irrefutables.
Se ha descubierto la existencia de múltiples inteligencias, por ello la educación debe enfocarse al crecimiento de todas y no de un “par” en exclusividad.
Y nos falta transversalizar el aprendizaje del bien.
Sócrates nos indica que el hombre no nace malo, sino que simplemente no conoce el bien. Este concepto lo ha recogido Rotary y es parte de su modelo de vida “haz el bien sin mirar a quien”. Pero no es un “hacer” cualquiera, es un hacer que permita estabilizar emocionalmente al planeta, que nos lleva a descubrir lo que hacemos bien y que podemos mejorar, que nos lleva a replantearnos nuestro lugar en la tierra.
La Educación vivirá pronto una deconstrucción, - desestructurar para analizar y volver a estructurar con conciencia en el resultado futuro, pero no en un futuro cercano, sino en un futuro pensado escalarmente respetando el origen y las metas soñadas -, un replantearse de lo que se enseña, su fin último.
Replantearnos el para qué construimos las ciudades y porqué tratamos al planeta como lo tratamos. Una vez que eso suceda todo tendrá “sentido”. Entonces de-construiremos las ciudades, las maneras en que los humanos se relacionan y el Planeta Tierra nos mirará diferente.