Usuario :
Clave :
[ Recuperar mi clave ] [ Crear una cuenta ]
Home Registrarse Contáctenos
Contenido ordenado por fecha
Primera Anterior Página 379 / 584 Siguiente Última
texto estudio
13 de Agosto de 2011 17:14, por Kinesiología Sek ...
Reportar Contenido Inapropiado
Ayudantia 3 sia advance
13 de Agosto de 2011 12:46, por Carlos Duque Jauregui
Reportar Contenido Inapropiado
BBDD Guia 3
13 de Agosto de 2011 11:13, por Carlos Duque Jauregui
Reportar Contenido Inapropiado
esta clase fue pasada el día jueves 11 de agosto en el laboratorio.
13 de Agosto de 2011 00:31, por Kinesiología Sek ...
Reportar Contenido Inapropiado
MAS INFORMACION, MENOS CONOCIMIENTO
Por: Mario Vargas Llosa PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2010 Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra. Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”. Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido. Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones. Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall McLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. McLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet. Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse. No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas? No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”. Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer La Guerra y la Paz o el Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos? La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos. Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que –para qué engañarnos– no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.
Tags: Inicio
12 de Agosto de 2011 18:04, por Victor Sanchez Cubas
Reportar Contenido Inapropiado
Ayudantía Nº1
Chicos, el fin de semana les subo la pauta de la primera ayudantía. Un beso
12 de Agosto de 2011 17:41, por Katherine Palomino Pascual
Reportar Contenido Inapropiado
Estimados alumnos: aquí se encuentra el listado de palabras que deben buscar en el diccionario.
12 de Agosto de 2011 12:22, por Sandra Navarro
Reportar Contenido Inapropiado
Ayudantía correspondiente al día viernes 12 de Agosto
12 de Agosto de 2011 01:36, por Sebastián Nicolás Araya Del Real
Reportar Contenido Inapropiado
aasdsasdadsdsa
Tags: Excel
11 de Agosto de 2011 16:35, por Carlos Muñoz
Reportar Contenido Inapropiado
Ayudantìa de Scanf y Printf por Valentìna
11 de Agosto de 2011 15:22, por Nicolás Arellano
Reportar Contenido Inapropiado
descripcion del trabajo practico
11 de Agosto de 2011 14:57, por Victor Sanchez Cubas
Reportar Contenido Inapropiado
Syllabus del curso 2011
11 de Agosto de 2011 14:54, por Victor Sanchez Cubas
Reportar Contenido Inapropiado
Descripción de la teoría de gestión por proycesos BPM que se dicta en el curso Sistemas de Informacion en la UdeP- Universidad de Piura
11 de Agosto de 2011 14:38, por Victor Sanchez Cubas
Reportar Contenido Inapropiado

Miércoles 20 de julio de 2011
Por Aleka Vial

¡Qué divertida la campaña Marca País Perú! que fue lanzada recién en marzo y ya es grito y plata en su web. Se trata de un documental tipo spot o spot publicitario en el que un bus lleno de peruanos (personalidades destacadas del mundo de la cultura, el deporte y la gastronomía) conquista la ciudad de “Perú” en Nebraska, Estados Unidos.

De alguna forma, los creativos de la campaña se dieron cuenta que en Estados Unidos habían nueve ciudades con el nombre “Perú”, en honor a nuestro país vecino, y desarrollaron esta idea que rompe con el estereotipo de propaganda de Imagen País (que muestra una síntesis de las bellezas naturales, razas, monumentos, sitios arqueológicos, arte y tradiciones de una nación) y propone invertir el fenómeno de expansión cultural norteamericana: se trata de una conquista afectiva y acogedora, en manos de un grupo de peruanos, que lleva sus tradiciones e identidad a un poblado de poco más de 500 habitantes en Nebraska. ¿Su objetivo? “Leerles sus derechos como peruanos” y “enseñarles a vivir como peruanos”.

La primera frase del narrador es genial: “todo peruano, por el sólo hecho de ser peruano, tiene derecho a gozar de lo maravilloso que es ser peruano” quien explica que también “tiene derecho a comer rico… a bailar Huayno (música peruana antiguamente cantada en quechua)… a surfear y a correr buenas olas”, entre otros derechos. Y luego vemos cómo el grupo de “embajadores del Perú” reparte anticuchos, cebiche, chicha morada, leche de tigre, picarones, yuca, cabrito a la norteña (mhhh me dio hambre…) y hasta les preparan una pachamanca (una especie de curanto) a los gringos.

El spot es simple y cercano, elige sólo unos cuantos elementos atractivos y de gran impacto de la cultura peruana moderna y ancestral, como son el boom culinario actual, la música quechua, el fanatismo por el surf o la preciosa indumentaria de las danzas indígenas andinas, y los mezcla con la desolación de este poblado norteamericano. El resultado es un acierto integrador que muestra la natural conexión entre los seres humanos. Al final somos todos peruanos, parece ser. Y la película tiene algo de road movie, ya que los protagonistas están de paso, sólo vienen a cultivar a los norteamericanos por un rato…

“¿Qué nos alienta? –pregunta el narrador- impedir que Perú, Nebraska, caiga en el atraso y en el olvido, compartiendo todas aquellas cosas que hoy nos hacen orgullosos de llamarnos peruanos”.

El objetivo del gobierno es bastante ambicioso: “triplicar las exportaciones en los próximos cinco años” según las autoridades peruanas. Quizá por ello la campaña fue lanzada en la Bolsa de Valores de Nueva York, en Wall Street, lo que causó revuelo en Perú, ya que algunos la tildaron de imperialista y neoliberal, entendiéndose estos dos términos como los peores defectos.

También criticaron que el acento del narrador fuera limeño, de un sector adinerado, o de “un pituco”. “Debieron incluir varios narradores con varios acentos peruanos” –propuso un cibernauta. Nada de mala la idea que hasta podríamos usar, ya que los chilenos somos los número uno para el plagio (después de los chinos jajajajá), pero ese es tema de otra columna y sería lo menos apropiado en el área de identidad.

En fin, todo esto para comentar: ¿Qué hemos hecho nosotros con nuestra Imagen País? Llevamos unos cuantos años leyendo noticias y anuncios sobre las inversiones hechas en la materia pero ¿estamos contentos con nuestro logotipo e imagen en el extranjero?; ¿conocemos nuestra Marca País?; ¿nos satisface el eslogan “Chile, sorprende siempre”?; ¿qué les parece el témpano antártico llevado a la Expo Sevilla 1992?, ¿y la frase de Shackleton recién instalada en la Bienal de Venecia?

Sea de nuestro gusto o no, hoy los peruanos cuentan con una claro logotipo, y una campaña efectiva de Marca País. La que tan sólo en cuatro meses ha logrado posicionarse exitosamente en las redes sociales, traspasar las fronteras y hacernos cómplices de su guiño o mirada con un simple documental.

Y a propósito, el logotipo está bastante bien logrado, con una iconografía que recuerda las Líneas de Nazca, un laberinto, una arroba o una huella digital, como se lo quiera mirar… o podrían ser los trazos de las pinturas rupestres. ¡Nada de mal! La integración de los símbolos del misterio, la cultura anglosajona y europea, la tecnología contemporánea, la cosmovisión indígena y el valor de la individualidad.

Reportar Contenido Inapropiado
las interjecciones. Definición.
10 de Agosto de 2011 23:24, por Sandra Navarro
Reportar Contenido Inapropiado
Las interjecciones. Definición. Tipos (Propias e impropias)
10 de Agosto de 2011 23:22, por Sandra Navarro
Reportar Contenido Inapropiado
Estimados alumnos, aquí encontrarán ejercicios referidos a las conjunciones y ahora ¡a practicar!
10 de Agosto de 2011 23:18, por Sandra Navarro
Reportar Contenido Inapropiado
Recordatorio de matemáticas financiera creado por el profesor Roberto Ortiz. Este documento es para los alumnos de Ingenieria Económica, pero puede ser útil para cualquier curso financiero.
Tags: Inicio
10 de Agosto de 2011 17:09, por Nicolás Fletcher
Reportar Contenido Inapropiado
Ayudantía Nº1
10 de Agosto de 2011 17:04, por Nicolás Fletcher
Reportar Contenido Inapropiado
Ejercicio numero 4 de la ayudantia del 10 de agosto
10 de Agosto de 2011 12:46, por Rodrigo Inostroza
Reportar Contenido Inapropiado



Primera Anterior Página 379 / 584 Siguiente Última


Ublog.cl es un producto JM Software.
Copyright © 2007-2025 JM Software. Todos los derechos reservados.

Contáctanos   |   Avisos Legales